03 abril 2026

José Luis Stevens: Borrar la Guerra y el Miedo

 

Borrar la Guerra y el Miedo

26 de Marzo de 2026

José Luis Stevens

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Nuevo artículo por José Luis Stevens, PhD

 

Siempre hay una guerra en algún lugar de este planeta, y a menudo hay muchas guerras; a veces entre dos países en oposición, y a veces involucrando bandas de naciones trabajando juntas. Recuerdo, cuando estaba en la universidad, tomé un curso de historia llamado Civilización Occidental, y teníamos que leer un grueso libro llamado Historia de la Civilización Occidental. Leí el libro completo y descubrí con horror que era básicamente una historia de cientos de guerras de principio a fin. Y eso era solo la civilización occidental. ¿Qué tal las otras partes del mundo? Aunque no estudié otros hemisferios, estoy seguro que la historia habría sido la misma. Ahora bien, también estoy seguro de que sucedieron muchas otras cosas en esos miles de años en este planeta, pero los autores parecerían pensar que las guerras eran los eventos de más impacto que tuvieron lugar. Estoy seguro de que había fiestas y bodas y celebraciones de todas clases. Tal vez hubo tratados, y naciones que cooperaron entre sí y comerciaron con provecho para ambas partes. No, ninguna de esas cosas entró en el libro. Era guerra, guerra, guerra. Solo puedo imaginar si las vidas perdidas en todas esas guerras se sumaran, llegaría a miles de millones de personas, y aún más los heridos, discapacitados, mutilados y destruidos psicológicamente. Entonces, ¿cuál es la atracción que puede llenar todo un libro de texto con cientos de variaciones del tema de la muerte y la destrucción?

Bueno, no hay duda de que, incluso dentro de tanta oscuridad como en una guerra, está involucrada mucha creatividad. Con el tiempo, nuevas máquinas bélicas se han desarrollado, suficientes para llenar muchos grandes museos de armamentos. Primero, allí están todas las armas de mano, hondas, lanzas, arcos y flechas, pistolas, rifles, ametralladoras, y demás. Luego hay grandes explosivos como bombas y misiles, balas de cañón y granadas, y grandes maquinarias bélicas como catapultas, calderos hirvientes, morteros, tanques, aviones de guerra, barcos erizados de cañones, destructores, transportes de personal, transportes aéreos, caballerías, y demás.  La lista sigue y sigue, y con la evolución y el adelanto, incluyen armas de destrucción masiva como bombas de hidrógeno y nucleares que pueden destruir toda la tierra en un destello. ¿Excitante, no es así? Bueno, no realmente. En películas y videojuegos se pueden ver, pareciendo excitantes, completos con música enardecedora y hechos heroicos. Pero al final del día, solo es un montón de ruido, terror, destrucción, pérdida, desmembramiento, y muerte, y huele horriblemente para empezar. También cuesta un enorme montón de dinero, que cae sobre los campesinos y el público contribuyente para que lo paguen, y lo pagan generaciones por venir.

¿Cuál es el motivo? Puede haber muchos motivos; codicia de más tierras y recursos, arrogancia, el estatus que viene con la dominación, venganza, y la apariencia de fuerza y poder, el miedo de ser atacado primero, y el deseo de dar los primeros lengüetazos. ¿Cuál es el común denominador aquí?  De hecho, todo se trata de miedo.  La codicia es el miedo de que nunca hay suficiente para que alcance, entonces necesito la tierra y recursos de mis vecinos también. La arrogancia es el miedo de ser menospreciado, juzgado como débil, y tener que demostrarse fuerte y envidiable. Todos los acosadores tienen miedo de ser vistos como débiles. No obtener venganza por algún acto de agresión también se puede ver como débil, desde una perspectiva de miedo. Esta es la idea de que uno siempre debe dar el último golpe, lanzar el último insulto, tener la palabra final en el asunto. Si no, el otro lado puede envalentonarse y golpear de nuevo. No importa qué sea, el motivo para ir a la guerra siempre es el miedo; sin embargo, al venir desde el miedo siempre se genera más miedo, porque el miedo se genera a sí mismo. En lugar de sentirse más seguro, el atacante siempre termina más asustado, más defensivo, más paranoide. Entonces el miedo promueve la guerra y la separación del tipo más extremo. El miedo es el enemigo del amor, enemigo de la gratitud, enemigo de la compasión, de la generosidad y de la bondad. El miedo, entonces, es la debilidad última y la admisión última de que uno es un débil.

La simple mención de la palabra guerra baja el campo vibratorio. Entonces, cuando se menciona la guerra en todas las radios, canales de televisión, posteos, en cada noticiero, y demás, la realidad compartida entre todos se baja casi como una bandera que se arría a mitad del mástil, o el volumen de una música hermosa que se baja hasta ser apenas audible. Todo se reduce sin que la gente se dé cuenta de lo que está ocurriendo. La consciencia se atenúa, la percepción conciente se vuelve miope, la luz se disminuye hasta un brillo mínimo no suficiente para ver claramente. La vibración de la palabra guerra, al tener un significado simbólico poderoso, hablando históricamente, recrea la realidad de “Aquí vamos otra vez. Más estupidez, más falsas promesas, más consecuencias desastrosas que perdurarán largo tiempo y lastimarán a todos”. Estos son pensamientos y sentimientos muy comunes, basados en la desilusión de millones que se dan cuenta una vez más de que el glamour y la excitación de la guerra no ha dado resultado.

La fantasía de que esta guerra finalmente librará de los musulmanes, de los americanos, de los judíos, o – llenen el espacio en blanco: ––––  es solo eso: pura fantasía. ¿Acaso las cruzadas nos libraron de los musulmanes o de los cristianos? Por supuesto que no. Simplemente no funciona así. ¿Cuántas cruzadas hubo? ¿Esta guerra actual no es acaso otra prueba de ese viejo juego?  Para cuando terminó la última cruzada había habido baños de sangre masivos, y hoy hay más cristianos, más musulmanes y más judíos que nunca.

La humanidad ha alcanzado un punto de inflexión. Ya no nos satisface atravesar la misma cosa otra vez más. Por supuesto, todavía están aquellos con menos vidas bajo sus cinturones, que todavía no se cansaron del viejo juego. Son verdaderos convencidos de que la guerra es un paso correcto para poner las cosas bien de acuerdo a su fantasía de “ganar” como nación, y beneficiarse de todo el intento de dominación. Sin embargo, esa gente rápidamente está volviéndose una minoría en relación a la raza humana como un todo. La guerra como una idea y una realidad está llegando a un final, porque las consecuencias se han vuelto insostenibles y porque es un proceso demasiado aburrido para repetirlo. Cualquier acción o decisión tomada con miedo solo producirá más de lo mismo. La mentira de que sea otra cosa que eso, ya no se sostiene. Tal vez el mundo necesita un recordatorio final de esto, y algo tiene que suceder para sacudir a las personas hasta su centro. Allí es donde estamos. Adonde estamos yendo en último caso, es bueno, pero es difícil de ver cuando hay tanto en juego.

Cualquier idea que contenga la palabra guerra está destinada a fracasar; la guerra contra las drogas, la guerra contra el crimen, las guerras contra una cultura tal como una guerra contra la diversidad o una guerra contra el wok o una guerra contra los judíos, los negros, los sin techo, la desigualdad, y demás. Las guerras no logran nada más que destrucción. Las guerras tienen que ver con la resistencia, y la resistencia siempre alimenta lo que sea que es resistido. Pero esperen, ¿no debiéramos resistirnos a lo que no queremos?  Por así decirlo, sí; pero la resistencia no es una solución efectiva. La acción creativa hacia una alternativa sí es el camino. La curiosidad sobre lo que podría ser alternativas eficaces a la guerra es muy productiva. La oración y la conducta no violenta son buenas. Ver al Espíritu en todo es excelente, especialmente ver a aquellos que promueven la guerra como teniendo al Espíritu en su interior, no importa cuán enterrado, es más efectivo que lo que puedas imaginar. No hará que ellos vean la luz, pero puede recordarles subconscientemente de algún sendero alternativo en algún nivel.

 Y a pesar de todo lo que se ha dicho aquí, no hay lugar sin el Espíritu. Cada evento, cada fenómeno y experiencia, tienen al Espíritu de algún modo, de alguna manera. Todo es una oportunidad, una invitación a experimentar  el amor incondicional, el ser y la consciencia puros. En medio de una batalla, un soldado ayuda a un soldado enemigo herido a llegar a un refugio y sobrevivir. Un refugiado del infierno de una batalla entablilla el ala rota de un pájaro. Un soldado camina intacto, llevando a un bebé que ha encontrado, moviéndose lentamente entre las bombas que caen, orando y cantando una canción de cuna. Un civil comparte un trago de agua con un soldado enemigo herido. La vida nunca desperdicia una oportunidad para que la luz brille, cualesquiera sean las circunstancias. En tanto estas oportunidades no justifican la guerra, sí se aprovechan de ella para hacer corrección del curso. La vibración puede ser elevada en cualquier momento y lugar. La luz aparecerá de maneras milagrosas porque la luz nunca se perdió, nunca se ausentó. Solo se disminuyó por un tiempo, dando la ilusión de que la luz se había apagado del todo.

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Traducción: M. Cristina Cáffaro

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