jueves, 23 de octubre de 2014

Kali Yuga

Traducción: M. Cristina Cáffaro



KALI YUGA

En el Mahabharata, antigua epopeya de la cultura de la India, se habla de la era de Kali.  Los ciclos del tiempo se suceden, turnándose las cuatro eras (Satya, Treta, Dwapar y Kali)
Estamos cursando esta última.  Su duración no está bien establecida, los eruditos discuten al respecto.
Sí hay acuerdo sobre sus características generales.

Aquí van algunas:

- Los gobernantes se volverán poco razonables y cobrarán impuestos injustos.
- Los gobernantes ya no considerarán que es su deber promover la espiritualidad, ni proteger a sus súbditos; se volverán un peligro para el mundo.
- Las poblaciones empezarán a migrar, buscando países donde se pueda obtener trigo o cebada para alimentarse.
- Hacia el fin de Kali Yuga, cuando ya ni se hable sobre Dios, ni siquiera en las residencias de los así llamados santos y caballeros respetables de las tres cualidades más altas, y cuando nada se conozca ya sobre las técnicas del sacrificio ni siquiera de palabra, en esa época el Señor aparecerá como supremo castigador.
- La avaricia y la cólera serán comunes.  Los humanos mostrarán abiertamente su animosidad mutual. Prevalecerá la ignorancia del dharma (el deber).
- Las personas tendrán pensamientos asesinos injustificables y no verán nada malo en ello.
- La lujuria se verá como socialmente aceptable, y la relación sexual se considerará el requisito central de la vida.
- El pecado aumentará exponencialmente, en tanto la virtud se desvanecerá y cesará de florecer.
- Las personas harán juramentos y los romperán inmediatamente.
- Las personas se harán adictas a bebidas intoxicantes y drogas.
- Los maestros ya no serán respetados y sus alumnos intentarán hacerles daño.  Sus enseñanzas serán insutadas,  y los seguidores de Kama  (dios hindú del amor sexual) tratarán de controlar la mente de todos los seres humanos.
- Los sacerdotes no serán honrados ni eruditos; los guerreros no serán valientes; los comerciantes no serán justos en su tratos.

Traducción: M. Cristina Cáffaro